jueves, 20 de marzo de 2008

América no existe- Peter Bichsel. parte I


TENGO la historia de un hombre que cuenta historias. Le he dicho repetidas veces que no creo su historia.
—Miente usted —le dije una vez-—, dice usted trolas, fantasías, embustes.
Eso no le impresionó. Siguió contando su historia con calma, y cuando le grité: «¡Men¬tiroso, trolero, fantaseador, embustero!», me miró prolongadamente, meneó la cabeza, son¬rió con tristeza y dijo, con una suavidad que casi hizo que me avergonzara:
—América no existe.
Para consolarle, le prometí escribir su historia.
Comienza hace quinientos años en la corte de un rey, el rey de España. Un palacio, seda y terciopelo, barbas, coronas, velas, servidores y doncellas; cortesanos que al rayar el alba se ensartaban mutuamente las barrigas con sus espadas y que la tarde anterior se habían arrojado el guante a los pies. En las torres, los guardias tocaban fanfarrias. Y mensajeros que saltaban de los caballos, y mensajeros que montaban a caballo, amigos del rey y falsos amigos, mujeres bellas y peligrosas, y
vino, y gente por todo el palacio que no sabía más que pagar todo eso.
Pero ni siquiera el rey sabía hacer otra cosa que vivir así, y como quiera que se viva, ya sea en el desenfreno o en la pobreza, ya sea en Madrid, en Barcelona o en cualquier otro lugar, al final todo se hace cotidiano y aburrido. Y así, quien vive en otro lugar se imagina que Barcelona es bonita, y quien vive en Barcelona quisiera viajar a otro lugar.
Los pobres se imaginan que es bonito vivir como el rey y se quejan de que el rey piense que lo propio de los pobres es ser pobres.
Por la mañana, el rey se levanta; por la noche, el rey se acuesta, y durante el día se aburre con sus preocupaciones, con sus servidores, con su oro, plata, terciopelo y seda;se aburre con sus velas. Su cama es pomposa,pero en ella no cabe hacer otra cosa más que dormir. Por la mañana, los servidores le hacen profundas reverencias, igual de profundas cada mañana; el rey está habituado a ello y ni siquiera mira. Alguien le da el tenedor, alguien le da el cuchillo, alguien le acerca la silla, y los que hablan con él le dicen majestad y muchas otras palabras bonitas, pero nada más.Jamás le dice alguien: «Estúpido, mente¬cato», y todo lo que hoy le dicen ya se lo han dicho ayer.Tal es la situación.Y por eso, los reyes tienen bufones.
Éstos pueden hacer lo que quieran y decir lo que quieran a fin de provocar la risa del rey, y cuando ya no pueden hacerle reír, el rey los liquida o algo parecido.
Así, este rey una vez tuvo un bufón que alteraba las palabras. El rey encontraba eso divertido. El bufón decía tajesmad en vez de majestad, decía lapacio en vez de pala¬cio y dueños bías en vez de buenos días.A mí me parece estúpido, pero al rey le divertía. Durante medio año, hasta el 7 de julio, lo encontró divertido, pero el día 8 se levantó, vino el bufón, dijo: «Dueños bías, tajesmad», y el rey dijo:
—¡Colgadme al bufón por el cuello! Otro bufón, pequeño y regordete, que se llamaba Pepe, llegó a gustarle al rey durante cuatro días, pues le hacía reír cuando unta¬ba de miel las sillas de damas y caballeros, de príncipes, duques, hidalgos y señores. El cuarto día untó de miel la silla del rey, el rey dejó de reírse y el bufón Pepe dejó de existir.Y ahora el rey había comprado el bufón más espantoso del mundo. Era horroroso, a la vez gordo y delgado, alto y bajo a la vez, y su pierna izquierda la tenía en forma de 0. Nadie sabía si podía hablar y callaba intencio­nadamente o si es que era mudo. Su mirada era malvada; su rostro, malhumorado; lo úni­co bonito de él era el nombre: se llamaba Juanito. Pero lo más espantoso era su risa. Comenzaba débil y vitrea, muy abajo en el vientre, subía cloqueando, avanzando lenta­mente como en un regüeldo, ponía roja la cara de Juanito hasta casi asfixiarle y por fin reventaba, estallaba, retumbaba, gritaba. Y en­tonces él pateaba y bailaba y reía. Sólo el rey gozaba con aquello, pues los demás se ponían pálidos, temblaban y tenían miedo. Y cuando en torno a palacio la gente oía la risa, cerra­ban puertas y ventanas, también las tiendas, acostaban a los niños y se tapaban con cera las orejas.
La risa de Juanita era te más Korrítiie que Dijera lo que dijera el rey, Juanito reía. El rey decía cosas de las que nadie podía reírse, pero Juanito se reía. Y un día dijo el rey:
—-Juanito, voy a colgarte.Y Juanito rió, bramó y rió como nunca.
Entonces, el rey decidió que Juanito fuera colgado al día siguiente. Hizo levantar un ca­dalso. Su decisión iba en serio: quería oír reír a Juanito ante el cadalso.
Entonces, ordenó que todo el mundo asis­tiera al horrible espectáculo. Pero la gente se escondió y echó el cerrojo a las puertas, y por la mañana el rey se encontró solo con el verdugo, con la servidumbre y con Juanito, que reía. Y gritó a sus servidores:—¡Traedme a la gente!
Los servidores buscaron por toda la ciudad.

3 comentarios:

lorianne dijo...

¿Dónde encontró usted ese cuento? Cuando yo tenía como 14 años compré "El hombre que ya no tenía nada que hacer" de la edición del Barco de Vapor,es un libro realmente inolvidable, me gustaba tanto que lo presté unas dos veces, lo único que... la última vez parece que le gustó tanto a quien se lo presté que nunca lo devolvió. Cuando perdí las esperanzas de recuperar mi libro empecé a buscarlo en la misma librería que lo compré y no apareció, tampoco en otra librería, comencé a buscarlo en internet y no lo encontré. Hoy recordé "Saludos del tío Yodok" y me puse nuevamente a buscarlo, pero por el título del cuento, primero encontré una reseña y ahora encontré su blog. Resulta que las otras veces que busqué en vez de Bichsel escribí Bischel, tal vez es la razón por la que no lo encontré antes. Bueno, luego de tantos rodeos, ¿dónde puedo conseguir el libro en digital? Hmm... Tal vez si sigo buscando lo encuentre, pues me detuve muy rápido en su blog ^^, Pero si usted me dijera sería más cómodo y alimentaría mi haraganería, ¿no?. Y muchas gracias, acabo de encontrar el tesoro que busqué por años. (Y gracias a Google, también)

Ps.: (Ya parece una carta) Casualmente ayer acabo de crear mi blog.

diego castro valencia dijo...

lo encontre en una biblioteca en san bernardo, santiago, chile, el cuento que puse lo escanie, tampoco encontre el formato digital, pero mucho esfuerzo no hice.

es un muy buen libro ojala que lo encuentres si lo haces me avisas.

Leonardo T. Oliveira dijo...

Pero es incompleto!!!